Proyecto artístico

Mi intención es hablar de danza, de movimientos que abarcan el espacio, todos los espacios, paisajes poéticos, geografías del cuerpo.

Una motivación que viene del interior.
En Le Nœud de la Forme, la cuestión de los límites del cuerpo, de su condición, la búsqueda de esos puntos de resistencia, son tomados como punto de partida, Mi cuerpo define los ejes, los apoyos necesarios para el movimiento.
Los apoyos y la transformación del cuerpo son centrales. El apoyo es tanto nudo interior, objeto, cuerpo, como sensación. La transformación es un estado del cuerpo, animal, mineral, una pasta a amasar.
Gracias a ese trabajo se constituye un lenguaje, un repertorio que permiten una acumulación de estratos del saber corporal.

Entre horizontal y vertical
La búsqueda se sitúa en la relación que podemos establecer entre la horizontal y la vertical del cuerpo, entre estar de pie o acostado, como dimensiones que definen el espacio que nos rodea.
Pasar del uno al otro plantea la cuestión de la verticalidad del cuerpo inestable que busca un eje, como invadido por el vértigo al levantarse demasiado rápido. Ello me lleva a trabajar sobre un cuerpo-materia, maleable, con el fin de transformarlo, de que cambie de aspecto. El movimiento se apodera de él en un ir y venir repetitivo y nunca idéntico. La gestualidad se construye a base de variantes, reflejándose en ella misma, buscando combinaciones y declinaciones. El movimiento parece encerrarse sobre si mismo y, sin embargo, vive, se desarrolla, se desplaza. Una danza de oposición, de tensión, de resistencias. Resistencia que, del interior, se extiende al exterior del cuerpo, en el espacio atravesado por la danza, como si el aire que rodea al cuerpo fuera espeso, denso, casi fangoso.

Dos espacios se responden: el de la escena de teatro y el espacio urbano exterior. _ En esos espacios, el trabajo es el mismo: confrontarse, colocarse frente a los impedimentos del propio cuerpo, la piel, la fragilidad, la verticalidad, yo, el otro. El cuerpo en ellos se funde y, al mismo tiempo, de ellos se distingue. Se adhiere para rápidamente extraerse. en un ir y venir permanente el acto interior se alimenta de la acción exterior, el exterior no puede adquirir fuerza y madurez sino pasa por el interior. El espacio interviene como un catalizador a través del cual el cuerpo deja ver estados que estaban ocultos, sensaciones escondidas.
¿ No es ciertamente un intento, por medio de lo sensible de un cuerpo que danza, de aprehender el lugar donde nos encontramos?

Deseo de colaboración y de confrontación de puntos de vista
El punto de partida es el aprendizaje de sí. Cuerpo, espacio, materia los ingredientes de la búsqueda. Interior y exterior los límites de la exploración. Partir de esas preocupaciones íntimas me conducirá a nuevas colaboraciones, confrontaciones, como las que he comenzado con Imen Smaouï en MAMR . Trabajar en la propia creación invitando otras miradas, otros útiles, otras condiciones ricas y diversas.
De un lado, la confrontación a una imagen de sí por medio de la cámara, del otro el diálogo con una coreógrafa, ahí la irrupción de un universo sonoro o, más allá, la arquitectura de un lugar, son otros tantos ejemplos de condiciones de creación y de interacciones interior-exterior. Y luego, los intérpretes que aprenden también à aprender, a explorar, y aportan sus propias experiencias que enriquecen el proceso. Por último, los útiles: el cuerpo, la tierra, el árbol, el edificio… otros tantos objetos que se imponen y con los que es necesario dialogar.

Al decidir llamar la asociación el Arcántropo (o el primer hombre que logra ponerse de pie), etimológicamente el hombre de los comienzos, el proyecto tiene el camino trazado. Es necesario voluntad y esfuerzo para pasar de la posición tendida a la posición alzada, de la horizontal a la vertical. Un misterio se produce en el paso de lo inconsciente a lo consciente. Comenzar dentro y continuar fuera, aislándose primero y compartiendo después, representa un signo de confianza.